Santa Fe y Unicef le dicen NO a la discriminación
En este contexto, el gobernador de la provincia de Santa Fe, Hermes Binner, recibió en su despacho al representante de Unicef Argentina, Andrés Franco, con el que suscribieron de manera conjunta el compromiso propuesto por el organismo internacional "para que todos los chicos, las chicas y adolescentes vivan en un mundo igualitario, libre de segregación, racismo y xenofobia".
“Si queremos tener una sociedad mejor tenemos que pensar siempre en los niños, porque se trata de criaturas que no han elegido dónde nacer. Pero la sociedad sí puede elegir de qué manera vivir y eso necesita de la comprensión y de la solidaridad como valores fundamentales para atender a la infancia”, expresó Binner en la oportunidad; quien se convirtió en el primer mandatario nacional en firmar el compromiso y hacerlo público.
En este informe repasamos los momentos mas importantes del encuentro entre el gobernador y los representantes de Unicef Argentina:
Binner propone una forma de superar el conflicto

Luego de escuchar las “preocupaciones” de los dirigentes de las entidades del agro, desde el gobierno se elevó una propuesta “de cinco puntos, vitales para poder salir de esta situación”, dijo el gobernador en conferencia de prensa, tras finalizar la reunión.
Los cinco puntos fueron trabajados “con la absoluta responsabilidad” que supone estar al frente de “una provincia en la cual la agricultura, la ganadería y la industria vinculada tienen una importancia superlativa en el país, ya que son una de las columnas vertebrales de su economía”, aseguró Binner.
El primero de los puntos expresa “la necesidad de defender la democracia y la institucionalidad”, conceptos sobre los cuales “no puede emitirse ninguna discusión”, dijo Binner, por entender que “debe primar” en “cualquier debate”. En este sentido advirtió que “demasiados dolores de cabeza y llanto nos ha ocasionado no haber respetado este ejercicio de la democracia”.
“En segundo lugar –continuó el gobernador–, lo que planteamos es recuperar el diálogo. Es importante que los sectores del agro y el gobierno nacional tengan la posibilidad de recuperar el diálogo y también, más importante, la confianza”, señaló Binner.
El gobernador destacó, en ese sentido, la necesidad de “recuperar esta idea de «creernos» entre los argentinos que es posible salir adelante con una propuesta que sea lo suficientemente clara y lo suficientemente basada en la técnica, en la ciencia y en la producción, que permita construir un mañana mejor para todos los argentinos”.
En tercer lugar Binner resaltó que “es necesario salir lo antes posible del conflicto, para comenzar a pensar en el mediano y largo plazo, que es lo que realmente nos permite” avizorar un futuro mejor para la Argentina, señaló el gobernador.
“Creemos que hay insumos para comenzar a resolver este problema y estos insumos están dados por los resultados logrados en todas las reuniones que se han realizado entre el gobierno nacional y las cuatro instituciones”, dijo Binner. “Ninguna reunión es blanca o negra, pero en cada una de ellas se han abierto espacios que permiten pensar en comenzar a resolver el problema” sostuvo.
El cuarto punto sostiene la necesidad de “convocar a las provincias involucradas. Hay provincias que tienen muchísimo que ver con la política agropecuaria que necesita hoy nuestro país”, dijo el gobernador, “porque contribuyen enormemente al proyecto de Nación”, expresó Binner. “Nosotros creemos que son precisamente los encargados de economía de cada una de estas provincias los que tiene que participar de estas reuniones”, añadió.
“Además –prosiguió el gobernador– creemos que a esa convocatoria deben sumarse los actores económicos de la cadena: estamos hablando de la maquinaria agrícola, de los frigoríficos, de las usinas lácteas; es necesario convocar a los actores económicos de todo el proceso y también creemos que es importante convocar a todas las organizaciones sociales vinculadas” porque “permiten conocer, desde su propia realidad, parte importante de lo que significan las lógicas de esta cadena productiva”.
“Finalmente –dijo Binner– creemos, convencidos, que la paz es fundamental para poder construir; nunca se siembra trigo en la guerra”, sostuvo, y añadió que, “por lo tanto, hay que pensar en la Nación”. “Esto es fundamental para poder construir” y “para pensarnos como Nación”, sostuvo el gobernador.
El gobernador expresó luego la necesidad de “ver nuestros valores, ver lo que somos capaces de hacer, lo que hemos realizado, lo que tenemos en nuestro haber” ya que “esa es la base fundamental para construir una Argentina mejor para todos”.
“Por eso –destacó Binner– realmente vimos con alegría y como un gesto importante el discurso de la señora presidenta. Creemos que realmente ahí hay un punto de inflexión al cual nosotros tenemos que apostar, al crecimiento de un país normal, a un país con funcionamiento de la ley, que respete la Constitución, los valores; un país que se base en los tres pilares fundamentales que constituyen la república y que son sus tres poderes. Por eso estamos convencidos de que este mensaje de apertura de la señora presidenta al diálogo es un valor fundamental para empezar a construir un mañana mejor para todos los argentinos”.
De la conferencia de prensa, realizada en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, participaron, además, la vicegobernadora de la provincia, Griselda Tessio; el ministro de la Producción, Juan José Bertero; el ministro de Gobierno y Reforma del Estado, Antonio Bonfatti; y el ministro de Economía, Ángel Sciara.
La (est) ética es lo que importa

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Crisis alimentaria global: ¿el fin de la abundancia?

Durante veinte días de marzo y a través de un paro empresario en el sector agropecuario, la sociedad argentina vivió la peligrosa fantasía según la cual un sector de su economía podía decidir quién comería y quién no podría hacerlo en el país. No, no se trata —aquí al menos— de deslindar los grados de justificación —o lo injustificado— de la protesta sino recordar el debate público que ganó el espacio mediático en los días tensos: los descontentos invocaban democracia y Constitución para explicarse y pocos parecían recordar que ni ese sistema político, ni ninguna ley de leyes cobija el acto de inducir el hambre en las naciones donde imperan.
Otra característica de ese tiempo cercano estuvo dada por la inveterada vigencia del síndrome por el cual los argentinos ponemos un inmerecido esfuerzo por explicar nuestros atolladeros históricos como hechos únicos y aislados que casi nunca son. Es verdad que en esto hemos aprendido algo —sobre todo después de que el mundo nos plantara varias sonadas bofetadas en el rostro, la guerra por Malvinas, la crisis de la deuda, etc.— pero aún tenemos ese impulso distorsionado de excepcionalidad y cada tanto sucumbimos a él.
Este último aspecto es digno de particular atención porque —ahora que los signos son positivos y un acuerdo entre ruralistas y Gobierno parece posible— es bueno recordar que varios aspectos del conflicto no desaparecerán mágicamente y ni siquiera pueden tener una resolución doméstica. Son, inevitablemente, parte de un esquema de crisis internacional de los alimentos que no deja a salvo a la Argentina sin importar que sea un país que está en condiciones potenciales de alimentar a una población superior en diez veces o más a la que hoy posee.
Veamos algunos datos crudos del problema. Entre 1974 —último año en que se recuerda una crisis de precios de alimentos— y el primero de este siglo, los valores reales de los alimentos cayeron, en promedio, 74%. La espiral de precios que la precedió fue breve: arrancó en 1973 después del shock petrolero y los economistas la atribuyeron a factores de corta vida como el impacto sobre el transporte de los incrementos del combustible. Las economías desarrolladas reaccionaron rápidamente e introdujeron cambios mayores de eficiencia en su uso de la energía. Aun así fueron tiempos de inquietud social hasta en el Primer Mundo.
Desde el 2001, los precios de alimentos en los mercados mundiales han ingresado en una espiral loca ascendente. El pasado 25 de febrero, en un solo día de operaciones del mercado cerealero en Chicago, el trigo sufrió su revalorización históricamente más pronunciada: 25%.
Entre otros factores los analistas citaron el anuncio ese día del gobierno de Kazajstán, uno de los grandes productores del cereal, de introducir nuevos impuestos a la exportación para domar los precios domésticos. ¿Suena conocido aquí el dilema de la antigua república soviética? Ucrania, Rusia y Tailandia entre otros se han movido en la misma dirección.
Este cuadro del trigo es posible de ser reproducido, con guarismos apenas diferentes en otras commodities como la soja, el maíz y, por cierto, la carne. Un dato para el desconsuelo es que, a diferencia de lo que sucedió a comienzos de los 70, las razones del descalabro están aquí para quedarse. Cientos de millones de seres humanos se están incorporando al consumo de alimentos a los que antes no accedían —las carnes rojas y el pollo son emblemáticos— en las nuevas potencias en ciernes como la India y China. La agencia Organización Mundial del Alimento y Agricultura (OMAA) —parte del sistema de la ONU— estima que para dentro de ocho años los países en desarrollo consumirán un 25% más de aves y un 50% más de cerdo, claro está si los dejan la oferta y los precios.
Muchos creen que ese futuro de abundancia está en riesgo. El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, advirtió hace pocos días que no menos de 33 naciones en desarrollo están cerca de enfrentar disturbios sociales originados en la escasez y los precios de los alimentos. "Allí donde la comida cuenta por la mitad y hasta tres cuartas partes del consumo no hay margen para sobrevivir", agregó.
Hay una estadística que pone esto en blanco sobre negro: en los países desarrollados, entre el 15% y el 20% de los ingresos de una familia en la base de la pirámide social es destinada a la comida; en Indonesia ese porcentaje se eleva al 50, en Vietnam al 65 y en Nigeria al 73.
Desde el año pasado las protestas, muchas veces violentas, se han desplazado como una pandemia desde México a Italia, a Burkina Fasso y más recientemente a Haití. Alimentos es el virus común a todas. Tan solo en el 2007 el gasto de las naciones en desarrollo en alimentos escaló un 25%. Y aun si cada habitante pudiera pagar su comida a valor oro no hay seguridad de que la vaya a obtener: la OMAA estima que este año las reservas globales de grano serán las más bajas desde 1982.
Hay mucho más en el cuadro para considerar: el petróleo que no cede en valor —alcanzó los 112 dólares por barril esta semana— y el oportunismo de los productores a los que ahora interesa más satisfacer la demanda de maíz para biocombustibles —verbigracia, el etanol— que alimentar a un vecino que paga menos por tonelada. Pero el problema central, en un gran productor como la Argentina, no es el margen de ganancia sino la seguridad alimentaria de su población.
La salud de la familia presidencial cuesta mil veces más que la de una familia “normal”

Por Payito Blanco para Perfil.com
El Ejecutivo decidió crear un equipo médico presidencial, compuesto por 15 profesionales, 14 de ellos médicos y un administrativo. ¿Su misión? Velar por la salud de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su familia.A partir de ahora, según el decreto 620/08, el Estado gastará poco más de 800 mil pesos anuales para cuidar a la familia Kirchner. Mil veces más, que lo que destina a una familia tipo: 620 pesos por año.
Las cifras se desprenden de un cálculo que Perfil.com realizó en base al Presupuesto 2008. En él, se asignan $6.194.932.724 de pesos al rubro Salud que, dividido por 40 millones de habitantes (un número estimado de la población nacional) da $154,87 por cada argentino. En el caso de una familia tipo, esta cifra se multiplica por cuatro, lo que otorga un resultado de $619,50. Redondeando: $620.
Sin embargo, la salud de Cristina, Néstor, Máximo y la joven Florencia está lejos de ese monto. La flamante unidad que cuidará a los Kirchner de la enfermedad, a cargo de Luis Buonomo, el incondicional médico familiar de los patagónicos, contará con un plantel que le insumirá al Estado unos $66.000 pesos mensuales, sólo en salarios, sin tener en cuenta los viáticos y demás gastos.
La unidad está formada por Marcelo Eduardo Ballesteros, quien será subdirector con categoría B-0 con cargo ejecutivo III, que cobrará $11.146,26 ($2.734,36 de categoría más un suplemento ejecutivo de $8.411,90) y Daniel María Maffei, a cargo de tareas de coordinación, con categoría B-0 con cargo ejecutivo IV, con un sueldo de $10.090,34 ($2.734,36 de categoría más un suplemento ejecutivo de $7.355,98). Se descuenta que el sueldo de Bonuomo será superior al de sus subordinador y rondaría, según estimaciones en base al escalafón oficial, los $12.000.
El decreto 620/08 publicado hoy en el Boletín Oficial crea la unidad y establece que los 12 médicos y el administrativo son nombrados en planta permanente por un periodo de 180 días. Aún resta por definir si después de esos seis meses continuarán en su cargo; no obstante, hasta entonces, el Estado habrá pagado 400 mil pesos, incluyendo a los tres titulares de la unidad médica presidente quienes no tiene límite en su cargo.
Si bien la salud de los presidentes es un tema delicado, que muchas veces tiene rango de secreto de Estado, la abismal diferencia llama la atención.
SANTA FE TIENE GABINETE JOVEN

El gobernador de la provincia, Hermes Binner, presentó el jueves el Gabinete Joven, a través del cual se incorpora en forma participativa a los jóvenes santafesinos en la construcción de las políticas públicas.
El acto se desarrolló en el jardín este de la Casa de Gobierno, donde el gobernador estuvo acompañado por la ministra de Innovación y Cultura, María de los Ángeles González, y por el director provincial de Políticas de Juventud, Joaquín Blanco.
“Para nosotros es muy importantes que todos nos sintamos con la misma posibilidad de poder opinar, de ser parte de la transformación, del cambio que la provincia está necesitando. Por eso creemos que es importante que los jóvenes participen activamente en el diálogo y en la propuesta de lo que debemos hacer en Santa Fe”, dijo Binner.
“Nosotros venimos de largas historia, no grises, sino negras, donde vivimos una etapa donde ser joven era sospechoso, donde tener vaquero o zapatillas agregaba más sospechas, y ni hablar de tener barba o pelo largo”, recordó. “De esa realidad, que nosotros no olvidamos y debemos recordar permanentemente para que esa historia no se repita, a esta realidad, indudablemente que es un salto cualitativo extraordinario”.
“Pensamos que los jóvenes deben ser partícipes activos en cada una de las reparticiones, ministerios y regiones de la provincia, porque es allí donde hay una mirada diferente y que nosotros no podemos tener”, agregó el mandatario santafesino. “Ellos sí la tienen y nosotros tenemos la posibilidad de escucharlos y darles el espacio necesario para que ocurra ese diálogo. Este es el gran cambio cualitativo que hacemos en materia de tratamiento de inclusión a los jóvenes”.
Innovar en las formas de participación
A su turno, la ministra María de los Ángeles González preguntó: “¿Cómo vamos a hacer planes estratégicos regionales sin la mirada joven?, ¿Cómo vamos a pensar a 20 ó 30 años de distancia sino están ellos?, ¿Estamos seguros de poder representarlos legítimamente? Por lo tanto, estos jóvenes, más los que ya estaban en los ministerios y que son menores de 30 años, son convocados a un Gabinete Joven”, explicó.
La ministra dijo que este Gabinete depende de la cartera de Innovación y Cultura “porque en su más amplio sentido es innovar la vida, innovar la cultura política, las formas de participación, y porque la cultura y los espacios para aprender, para crecer, para comunicarse, está en un Gabinete Social donde están representadas todas las áreas sociales”.
Construir políticas públicas desde los jóvenes para la sociedad
Posteriormente, el director provincial de Políticas de Juventud, Joaquín Blanco, dijo que “este grupo representa cabalmente lo que es esta provincia, con jóvenes de todas las regiones, con una diversidad que nos permite tener un diálogo profundo que nos une, que nos permite tener un conocimiento real y cabal de lo que pasa con los jóvenes en esta provincia y encontrarnos para poder construir, políticas públicas desde los jóvenes para toda la sociedad”.
“Aquí la juventud no es planteada únicamente en un lugar reservado para construir políticas para otros jóvenes –explicó Blanco–, sino que en este gabinete encontramos la oportunidad de construir a partir de cada ministerio una mirada joven sobre cada una de las iniciativas que surgen de ese ministerio, lo que nos permite construir una voz y mirada que imprima de juventud a todas las políticas públicas que surjan del gobierno”.
